ENTRADAS ABONOS

Mónica Runde: “La mujer creadora ha empezado a ser visible ahora”

Entrevistamos a la dramaturga, directora y productora de 10&10 Narváez, Runde, Sanz y bailarina para hablar con ella sobre aSÍ habló Zarathustra y por el Día Internacional de la Mujer

Ana Mª Caballero

Con más de 40 años en el mundo de la danza, Mónica Runde sigue incombustible al frente de 10&10 Narváez, Runde, Sanz, un proyecto que comparte con otras dos mujeres creadoras: Elisa Sanz e Inés Narváez. Premio Nacional de Danza de España 2020, Premio Nacional de Danza de Costa Rica en el 200 y Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid 2011, Runde es licenciada en Coreografía e Interpretación, máster en Artes Visuales y Diseño Gráfico. Ha trabajado en teatro, cine, óperas, zarzuelas, instalaciones y compañías de danza para las que ha ejercido como coreógrafa de actores y bailarines, movimiento escénico, creación del espacio sonoro y creación de videos para escena con directores como John Malkovich, Guillermo Heras o Natalia Menéndez, entre otros.

Hablamos con ella con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer para que nos cuente en qué momento se encuentra de su carrera y nos desvele algunos detalles del trabajo que estrenaremos en La Abadía del 23 al 26 de mayo: aSÍ habló Zarathustra.

PREGUNTA: ¿Cómo empezó tu relación con el mundo de la danza?

REPUESTA: Yo soy del 61 y mi relación con el mundo de la danza empezó porque en aquella época las niñas hacíamos poco ejercicio. Mi madre, como buena germánica, pensaba que teníamos que hacer tanto ejercicio como colegio y como no era así, nos metió en clase de ballet. Y así empezó mi relación con la danza. Con 12 años ya tenía claro que quería ser bailarina.

P: Eres bailarina y coreógrafa desde hace más de 40 años, pero, además, te encargas de diseñar el espacio sonoro y audiovisual de tus piezas. ¿En qué parte del proceso surge esta creación? ¿Es la danza determinante para inspirar estas atmósferas?

R: En la creación de 10&10 Narváez, Runde, Sanz, lo primero que buscamos es una historia o es una sensación. Y a partir de ahí empezamos a buscar materiales, texturas, colores. Es no significa que solamente se refieran a materiales para vestuario, para escenografía, sino también buscamos texturas sonoras, texturas visuales para ir conformando todo un storyboard. Entonces, no es a partir de la coreografía, sino de la llama o del inicio de lo que después van a ser nuestros actos escénicos.

Para mí sí es determinante e importante, una vez que hemos buscado todo eso, saber qué tipo de movimiento hay en cada una de las escenas porque el tipo de movimiento me va a llevar a un tipo de sonoridad que tenga que ver con todas esas texturas. También esto me puede llevar a que haya un campo audiovisual, que puede ser de imagen, de texto tratado o de otro recurso que necesitemos en ese momento. Además, siempre es algo consensuado con mis compañeras.

P: Además de bailarina, coreógrafa, eres empresaria. Tus coreografías son producciones propias, ¿qué hizo que te convirtieras en también en productora?

R: La necesidad. La única manera de producir nuestras piezas hace 35 años en Madrid era si tú eras tu propio productor y empresario. Entonces en España no había coproductores ni nadie que te fuera a producir. Nadie había estudiado para ser productor de una empresa de danza, esto hizo que a la fuerza me tuviera que hacer productora.

Creo que hay mujeres de mi edad que son creadoras desde hace muchísimos años y que no tienen el lugar que deberían tener

Mónica Runde

P: ¿Crees que se ha avanzado algo en la visibilidad artística de la mujer a partir de los 50 en adelante?

R: Creo que en general la mujer creadora, de la edad que sea, ahora ha empezado a ser visible, sea de 25, de 50 o de 80. También considero que tiene mucho que ver que ahora hay mujeres pueden hablar de arte. En el momento en que la mujer va cogiendo posiciones en ciertos sitios, las mujeres creadoras, que quizá somos menos importantes, empiezan a tener un hueco porque también ellas nos están poniendo en ese lugar. No estoy diciendo que los hombres no lo hagan. Hay hombres que sí, pero yo rompería la historia del arte escrita por hombres para hombres y de hombres nada más. La tiraría al suelo y la pisotearía.

P: ¿Cuáles dirías que son los desafíos a los que debe enfrentarse una mujer artista? ¿Crees que son diferentes según la edad?

R: Creo que hay mujeres de mi edad que son creadoras desde hace muchísimos años y que no tienen el lugar que deberían tener y a ellas les va a costar muchísimo más que alguien de 25 años que todavía no tiene su sitio. Por muchas cosas, porque ya tienen un cansancio acumulado que no tiene la otra persona, porque ya lo han intentado por activa y por pasiva. Entonces, no. Yo creo que es más fácil para una mujer joven que para una mujer mayor de 50 años.

P: Llegas con una propuesta cocreada con otras mujeres en la madurez, ¿estáis en un momento dulce? 

R: Yo siempre digo que somos tres generaciones, aunque no seamos tres generaciones, pero estamos en los 40, en los 50 y en los 60. Somos mujeres a partir de los 40 y creo que sí estamos en un momento dulce porque nos adoramos, nos admiramos, nos respetamos y nos lo pasamos muy bien creando. Entonces, sí, estamos en un momento muy dulce, la verdad, y además celebramos los 35 años de la compañía y encima actuamos en una iglesia en La Abadía, ¿qué más queremos?

P: ¿Qué te gustaría que se llevara el público al ver vuestras obras y en concreto la que estás preparando con Inés Narváez y Elisa Sanz para La Abadía: aSÍ habló Zarathustra?

R: A ver, yo creo que en general la gente de nuestras obras se va tocado. Y eso me gustaría que ocurriera también con aSÍ habló Zaratustra. Sí, es verdad que nos enfrentamos quizás a nuestro reto más textual de todo lo que hemos hecho en los últimos años, aunque Precipitados también tenía aportación de grandes dramaturgos. En este caso, la propuesta surge de la idea de los hermanos Bazo, es su ilusión por llevar Zarathustra a que sea algo escénico, es decir, un libro filosófico – poético para trasladarlo a una obra dramática. Nos lo dan a nosotras, que no hacemos drama, sino que hacemos actos escénicos y ellos saben que vamos a destrozar su texto, lo vamos a manipular. Y para mí está siendo algo muy bonito.

Espero que el público lo que se lleve es una reflexión, porque Nietzsche nos habla de ser un camello y quedarte ahí de por vida aguantando las cosas o de ser un león y rebelarte, pero no conseguir hacer nada más. O bien, llegar a ser un niño y decir “no, esto no me gusta”, pero hay que hacerlo así, hasta que llegas a esa súper persona libre. Creo que esta reflexión tiene mucho que ver con hacia dónde está caminando ahora la sociedad y por eso creo que es un libro muy actual

Con el apoyo de

Proyecto digital desarrollado por