
El 14 de febrero de hace 30 años, el Teatro de La Abadía abría sus puertas con Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Ramón María del Valle-Inclán
Bajo la dirección de Juan Mayorga desde 2022, la Fundación Teatro de La Abadía encamina una nueva etapa sustentada sobre tres pilares fundamentales: acción, emoción, poesía y pensamiento.
Con motivo de este aniversario, el director artístico de La Abadía, dedica unas palabras que puedes leer a continuación. Esperamos celebrar contigo nuestro 30 aniversario mirando al futuro.
CARTA DE JUAN MAYORGA
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Echa un vistazo al recorrido por nuestra historia:
Hagamos memoria | Atlas Abadía
El Teatro de La Abadía se inauguró el 14 de febrero de 1995 con la representación del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Valle-Inclán. Simbólicamente, se volvía a usar el espacio del antiguo altar para ubicar un “retablo escénico”. Además, el espectáculo comenzaba con el soplo de una bruja que ponía en movimiento un botafumeiro que pendía desde la cúpula.
A pesar del nombre que recibe, el edificio nunca fue una abadía, sino sucesivamente un hospital, asilo y colegio.
Mientras se realizaban las obras de rehabilitación del edificio, coloquialmente el equipo encabezado por José Luis Gómez decía: “vamos a La Abadía”. Sin darse cuenta, habían encontrado un nombre. Además, la curiosa planta de la Sala Juan de la Cruz desde una perspectiva aérea perfila la letra “A”.
Hagamos un pequeño recorrido por la historia del edificio:
En el siglo XIX esta parcela se encontraba en las afueras de la ciudad, donde se ubicaban los cementerios. Con la expansión urbanística, la ciudad se fue apoderando de los descampados y los cementerios fueron clausurados. Los niños jugaban en el espacio del antiguo cementerio llamándolo “el campo de las calaveras”. Un nombre que nos recuerda a personajes que más tarde aparecerían en este edificio como Hamlet y Don Juan.
Con la amenaza de las epidemias y especialmente la del cólera, el Ayuntamiento construyó aquí una casa de socorro que recibió el apodo de “hospitalillo”, atendido por las Hijas de la Caridad. Más tarde, sirvió de albergue para gente necesitada y se terminaron construyendo unos pabellones al otro lado de la calle y se edificó un colegio. El Asilo de Vallehermoso amparaba a la gente desfavorecida y les proporcionaba formación y destrezas profesionales.
Al comienzo de la Guerra Civil, cayó un obús cerca del colegio, en la calle Fernando el Católico. El barrio de Argüelles estaba en pleno frente y hubo que desalojar los pabellones y evacuar a los niños y niñas a otras zonas de España, o exiliarlos al extranjero. El Asilo de Vallehermoso y su colegio sirvieron de cuartel para el ejército republicano.
En el año 39 se reabrió el colegio con el nombre de “Sagrada Familia”. En el internado vivían hijos de madres solteras, de presos políticos y niños repatriados. Se consideró que el colegio debía tener una capilla y se encargó el diseño al arquitecto José María de la Vega. Creó un templo luminoso decorado en su interior con escenas del Nuevo Testamento.
El 1977 la iglesia se cerró al culto por deterioro. Aunque la intención era restaurarla, el paso del tiempo fue acentuando su estado ruinoso hasta en 1990 fue finalmente desacralizada.
Tras considerar varios posibles locales, la iniciativa de José Luis Gómez y el gobierno de la Comunidad de Madrid de crear un nuevo centro teatral y de estudios encontró en este espacio el emplazamiento perfecto.
El 14 de octubre de 1992 empiezan las obras de rehabilitación de la capilla del antiguo colegio y su salón de actos contiguo para crear dos salas de exhibición teatral: la Sala Juan de la Cruz, invocando al poeta, asceta y autor del gran canto de amor, y la Sala José Luis Alonso, en honor, según José Luis Gómez, a “uno de los hombres del teatro español al que tocó vivir tiempos sombríos, pero que mantuvo viva la llama del buen teatro”.
Dos años después, el 14 de febrero de 1995, el Teatro de La Abadía abriría finalmente sus puertas al público.
La conexión con el pasado siempre ha perdurado. Los pabellones de al lado siguen en uso como residencia infantil, que hasta 2018 continuaba bajo los cuidados de las monjas. Una de ellas, Sor Lurdes, llevaba un grupo de teatro, que hacía su presentación de fin de curso en las instalaciones del Teatro de La Abadía. Actualmente, el equipo del teatro realiza el programa ‘La Abadía cruza la calle’, en el que participan niños y niñas de las residencias Vallehermoso y Chamberí.
Y cada vez que abrimos las puertas de la Sala Juan de la Cruz, nuestro personal de sala se sube al campanario y hace sonar aquellas campanas de la década de 1940.







































