Una producción de Teatro de La Abadía que escenifica el conocido thriller de Sergio Blanco sobre la creación, la soledad y la sexualidad
Un hotel en Liubliana, Eslovenia; una conferencia sobre Narciso; unas manchas de sangre y unos furtivos encuentros sexuales con un desconocido son los ingredientes del intrigante monólogo La ira de Narciso, una producción de Teatro de La Abadía que cuenta con la colaboración de Festival de Otoño y se estrena el próximo 18 de noviembre en la Sala José Luis Alonso de este teatro, donde permanecerá hasta el 6 de diciembre. El texto es de Sergio Blanco, y Xavier Albertí se ocupa de la dirección aquí, en un espectáculo unipersonal que interpreta Rubén de Eguía (se recupera el binomio Albertí – de Eguía que tanto éxito obtuvo con En mitad de tanto fuego, de Alberto Conejero).
Alternando sutilmente tres modos narrativos (la narración, la conferencia y la confesión), La ira de Narciso, un texto que se ha representado ya en todo el mundo, es una suerte de thriller en tiempo presente, un trayecto fascinante que nos adentra en un laberinto del yo y del lenguaje, a la vez que irá abordando temas como la creación, la soledad, la muerte, la sexualidad, la adicción, la separación, la desesperanza, la belleza y el tiempo. El relato irá, a veces en tono detectivesco y a veces en un tono más íntimo o confesional, desentrañando el misterio de unas manchas que aparecen en la habitación.

La autoficción y Sergio Blanco
Siguiendo la línea de la autoficción en la que el dramaturgo francouruguayo Sergio Blanco viene incursionando desde hace años, La ira de Narciso relata, en primera persona, la estancia de su autor en la ciudad de Liubliana, donde llega invitado para dictar una conferencia sobre el mito de Narciso. “Siempre parto de una experiencia personal, de un vivido, de mi propio reflejo, pero al igual que sucede con Narciso, siempre lo hago con esa necesidad de querer ir más allá de mí mismo para poder mirar y encontrar al otro”, expresa Sergio Blanco. Esta lectura del yo que interpela a otras personas sigue el viaje del protagonista, que, a través de identidades cambiantes, se enfrenta a los límites entre deseo y obsesión, ficción y realidad. Generando en el público una suerte de voyeurismo, la obra trae el mito de Narciso al presente, e investiga cómo la construcción del yo puede derivar tanto en verdad como en violencia. Nos plantea una forma de salir del ensimismamiento para encontrarnos con otras miradas, y convertir la vida de todos los días en algo trascendental













