Hablamos con la fundadora de Ysarca, la primera directora del Festival de Otoño
¿Cómo llegaste al oficio, cómo surgió la oportunidad de dedicarte a la producción teatral?
Yo estudié piano; mi madre estudió canto y piano también. Vengo de una familia culta, les gustaba mucho leer. Mi marido fue un hombre estupendo, que escribió dos libros sobre la mujer y el lenguaje desde que se casó conmigo. Toda mi vida estuve rodeada de música, de arte y las mujeres eran principales.
¿Cómo empezó a dedicarse al teatro?
El teatro desde pequeña me encantaba. Y siempre soñaba con estar en un ambiente así. Pero eran sueños de niña. Tuve la buena suerte de tener amigos como María Corral, una muy buena amiga que montó una galería de arte. Estuve cerca de ella. Luego como me gustaba el teatro conocí a José Luis Gómez. Él es la clave de que aprenda y vea lo que está pasando.
Estuve trabajando en el Centro Dramático Nacional. Me encargaba de toda la parte externa: los carteles, la publicidad. Desde muy joven tengo un componente social importantísimo en mi vida. Mientras estaba trabajando en el CDN, me llamaron del nuevo centro de planificación familiar oficial que se crea en Madrid. Me llamaron para encargarme de las relaciones públicas y lograr que ese centro que estaba en Vallecas se integrara en aquella zona.
Entonces ahí compagino las dos cosas: por la mañana iba al Centro Dramático Nacional, luego me iba a comer a Vallecas, me llevaba un bocata; después volvía sobre las seis y media al CDN. Sentía que estaba haciendo una labor encomiable, maravillosa, y estaba muy contenta. Mi pasión ha estado siempre en la mujer y en el arte, en el teatro.
“Lo único que he hecho es dar confianza en sí misma a la mujer: que la mujer crea en ella, que a la mujer se la deje hablar, que a la mujer se la deje que se equivoque, que haga todo, pero que haga, que participe”
¿Qué crees que ha aportado tu condición de mujer a las artes escénicas?
El que me ha querido oír, me ha oído. El que ha querido callarme, a veces ha podido y a veces no. Pero yo he estado presente en todo y siempre luchando. Lo único que he hecho es dar confianza en sí misma a la mujer: que la mujer crea en ella, que a la mujer se la deje hablar, que a la mujer se la deje que se equivoque, que haga todo, pero que haga, que participe.
¿Cree que ha logrado marcar la diferencia y abrir un poco el camino al resto de mujeres con su carrera y con su arrojo?
Mi esfuerzo ha sido enorme y he tenido que luchar muchísimo para sacarlo adelante. Creo que la mujer ha hecho muchísimo por la vida, pero lo que pasa es que el mundo en que vivimos está hecho por el hombre. Por y para ellos. Nosotras, las mujeres, no participamos en nada, y por eso estamos ahí mal ubicadas. Por mi parte, estoy feliz de haber podido aportar algo.
Desde su visión de producción, ¿cuál era la clave para lograr que luego el resultado fuera el que quería? ¿Cuáles eran los pasos fundamentales a tener en cuenta en el diseño de producción?
El texto. Para mí, el texto es lo más importante que hay porque profundiza en todo. Si tú desarrollas un texto bien dado, ahí está la clave.
Cuando terminaba un proceso de producción, ¿cómo describiría la satisfacción que sentía?
He creído en mí porque para creer en las demás tienes que creer en ti misma. Cuando haces un buen trabajo, estás muy contenta.
¿Recuerda alguno de los montajes con los que fue al Teatro de La Abadía?
Incendios. Es lo mejor que he hecho en mi carrera. Para mí el conocimiento de Mouawad fue un antes y un después; una cosa extraordinaria. Me di cuenta de que era un teatro que es bueno. Fue una coproducción con La Abadía. Incendios marca una época en mi trayectoria. Vi la obra 35 veces. Necesitaba toda aquella atención que estaba poniendo en los problemas que tenía la mujer a través de Incendios. Todo eso me enseñó a querer más a la mujer, a valorarla y ayudarla a través del arte.

Imagen de la obra Incendios.
También hice El grito. Una obra que estaba basada en un caso real, en Canarias. En un momento dado había un problema con una mujer cuyo juicio no sacaron adelante: la historia de una mujer enfrentada a una clínica de inseminación artificial, un “David contra Goliat”. Pero al final lo ganaron.
Cuando hicimos el espectáculo y lo estrenamos, traje a todas las personas que estaban involucradas en el caso real para que pudieran ver el espectáculo y les encantó. Creo muchísimo en el teatro y en la mujer. El teatro para lo que de verdad sirve es para transformar, para cambiar la realidad, para comprometerse.
Usted es la primera directora del Festival de Otoño, ¿ recuerda cómo fue ese momento cuando le llaman y se lo proponen?
Inmediatamente puse la responsabilidad en mí de ver qué hacemos. Y al final mira el éxito que ha tenido a lo largo de los años. Fíjate que a los 40 años me volvieron a llamar de nuevo. Y ya van 42 años.

¿Y cómo ha vivido volver y hacer una nueva programación? ¿Cómo ha sido la experiencia?
Me quedé impresionada de que un hombre se arriesgara a nombrar a una mujer de 90 años para llevar a cabo algo importante como esa edición número 42 del Festival de Otoño. Y yo estoy agradecidísima a Mariano de Paco como ejemplo para todas las demás comunidades de España. Fue arriesgarse completamente 40 años después.
¿Y qué recuerdo guarda de la primera edición que usted programó del Festival de otoño?
Contenta de que habíamos dado el paso. Y por ahí ya podíamos seguir el camino. Yo vivo de la pasión, la pasión por el teatro y por la danza. Yo siempre tengo fe en la persona. Creo muchísimo en las mujeres. Hay una persona que me ha dejado una huella enorme que es Nuria Espert, porque se ha portado conmigo con una generosidad y una altura de miras encomiables. Es una persona extraordinaria.
He tenido mucha suerte, he sido muy afortunada porque he tenido personas alrededor, a mi marido el primero, que han sido gente muy buena, muy inteligente y muy sabia. Y yo he aprendido de todos. He hecho todo lo que me parecía oportuno. Hubiera hecho más cosas también. Me gustaría hacer más cosas, pero para eso tiene que haber una persona que se arriesgue a contar con otra persona mayor como yo. Siempre me han dejado que haga lo que quiera. Nunca me han dicho qué tenía que hacer y qué no. Es primordial que confíen en ti y que te dejen hacer.
Como directora del Festival de Otoño, ¿cómo vivía su trabajo y el proceso de selección de obras también de la escena internacional?
Cuando conozco a Wajdi Mouawad en una cafetería de Monterrey, yo veo la función por la tarde y me quedo fascinada. Valorar lo que estás viendo y matarte por llevarlo. Yo decía: «Esto lo llevo yo a Madrid». Y me acuerdo que con Robert Lepage, me pasó lo mismo.
Y, además, de lo que se trata es de que haya verdad y honestidad en lo que se cuenta. Para mí, no solo como persona que ama el teatro, sino también como mujer, fue muy importante cuando me propusieron este trabajo, porque yo soy mujer. Además, creo que escuchando es como más se aprende en la vida. Yo he tenido la suerte de estar llena de mujeres interesantes y profundas, que todas ellas son un ejemplo, aunque no hayan salido afuera. Grandes mujeres.
Creo que somos maravillosas las mujeres. Sin nosotras el mundo no existiría. Pero es una vergüenza que todos los teatros estén llenos de hombres y que no nos dejen la voz ni nos dejen hacer las cosas. Creo muchísimo en la mujer y quiero que la mujer sea más culta, que trabaje más, que lea más, que sufra un poquito menos, pero que se entregue para que su figura tenga el puesto que se merece. Porque estamos olvidadas.

Imagen de la obra El grito.
¿Y cómo cree que la mujer puede hacer que el arte se cree y se viva de otra manera?
La mujer es distinta y entonces el arte sale de otra manera. Mucha gente que no es feminista no cree en eso. En cambio, las aportaciones de la mujer cambian el teatro. Sé que la mujer se entrega y da un resultado, ni más bueno ni más malo, diferente. Yo siempre he dicho que yo quería dejar huella. No soy quién para decir si yo he dejado huella, pero yo sí he hecho por dejarla. El grito fue una prueba de ello.
Es muy importante tener fe en uno mismo, amarse; porque tú puedes amar, pero tienes que saber amarte a ti misma y darte tu fe y tu respaldo. Es decir, tengo que confiar en mí y tengo que entregarme. Y por ahí es el camino. Es difícil, pero está muy bien. Estar orgullosa de ser quién eres. Creo en la mujer porque con ella se está en algo mejor, más sano, más puro y más grande.
EXPOSICIÓN ILUSIÓN Y RIESGO. PRODUCTORAS DE TEATRO

A partir del 5 de junio
Comisario de la exposición: Ronald Brouwer
Entrevistas: Beatriz López
Horario: de martes a domingo
De 17:30 a 19:00 h y a la salida de los espectáculos
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