Hablamos con una de las socias de Producciones Teatrales Contemporáneas (PTC)
¿Cómo te surge la oportunidad de dedicarte a la producción teatral?
Me enteré de que existía el Centro de Tecnología del Espectáculo y entré allí en el año 1995. Hice gestión y producción. Después empecé a hacer prácticas en el Festival de Almagro, luego en la Comunidad de Madrid. Así fue el inicio del camino.
¿Y recuerdas cuándo tomaste ya la decisión de formar parte de una productora?
Después de las prácticas en Almagro, empecé a mandar currículos e hice entrevistas y comencé a trabajar con distintas productoras. Desde la primera oportunidad fue una detrás de otra. No he parado y, además, siempre con cosas bastante interesantes, de las que he ido aprendiendo mucho. En 2011 comencé con Ana Jelín, fundadora de PTC, y hasta hoy.
Cuando empecé no decidía qué proyectos se hacían y cuáles no. Estaba ayudando, pero comienzas a aprender y a formarte un criterio. Porque eso al principio no lo tienes; empiezas a trabajar y comienzas a ver mucho teatro. Vas formándote un concepto global de la profesión. Considero que esa es también la base para ser un buen productor o productora: primero tienes que saber elegir bien. Además, una cosa que he aprendido mucho con Ana es a leer. Tienes que leer mucho teatro, no solo ver. Y cuando lees mucho teatro empiezas a leer una función y ya sabes si es o no es buena.
¿Cómo tú definirías la importancia del diseño de producción para lograr una ejecución que llegue a los resultados que tú quieres para ese espectáculo?
Para mí lo más importante es tener la elección del texto que vas a hacer. El germen es el texto. Luego, a veces tienes un diseño de la producción muy bueno pero las cosas no salen como tienen que salir. Si tuviéramos la fórmula mágica, los financieros invertirían en teatro y no lo hacen mucho.
“Cuando te sale algo bien, te emociona. Pero a veces es muy duro también”
¿Y cómo describirías la sensación que te provoca desempeñar tu trabajo?
Son sentimientos muy encontrados, a veces. Cuando te sale algo bien, te emociona. Pero a veces es muy duro también. Todo no es un camino de rosas. Y más hoy en día cuesta muchísimo trabajo levantar un proyecto, hacer un reparto, mantenerlo, encontrar un teatro para exhibir. Es muy complicado. A veces te genera un poco de impotencia. No puedo decir que todo es maravilloso porque también hay días que entras en crisis. A veces puede ser bastante descorazonador.
Según tu experiencia, ¿has notado cambios en la dinámica actual respecto a otros años, tanto en la producción como en la distribución?
Muchísimos, porque cuando yo empecé a trabajar en esto había pocas productoras importantes, había menos competencia. Desde que estoy en PTC, que ya son 25 años, tenías un proyecto con un actor, un director, un texto, y empezabas un espectáculo ya con una gira cerrada y con el espectáculo amortizado prácticamente. Ya tenías la garantía de que ibas a hacer tantos bolos, una exhibición de tanto tiempo. Ahora es todo mucho más incierto. Hay mucho más riesgo. Además, se han reducido los periodos de exhibición. Y la oferta es gigantesca.
Entiendo también a los programadores. Llegan hasta donde llegan. Ellos no te programan solo un día porque te quieran programar un día. A lo mejor saben que hay espectáculos que darían para hacer dos o tres funciones, pero tienen el dinero y los presupuestos que les dan. Y tienen una oferta cada vez más amplia, entre la que elegir.

Imagen del espectáculo Prima Facie | Foto: Vanessa Rabade
Por otro lado, el tema de las giras, que ahora es muy complicado y que quedan reducidas a casi la mínima expresión. Hoy en día producir teatro tiene muchísimo riesgo. Afortunadamente, lo único que nos da un poco de respiro es el tema de los incentivos fiscales. Porque al final muchas veces se reduce a eso, a perder menos y a poder seguir trabajando para poder mantener la estructura. Esa es otra cuestión: antes podíamos permitirnos tener unas estructuras más grandes. Actualmente no.
O tienes una cosa que sea un éxito o estás, como siempre, en el filo. Puedes tener un gran éxito o incluso dos consecutivos, pero hay que continuar. Ese éxito lo que te da es para poder pagar las nóminas y las facturas de la oficina unos cuantos meses. Y poder reinvertir algo. Aquí nadie se hace rico.
Conseguir un teatro en Madrid es muy complicado. Y luego cuando exhibes, las exhibiciones cada vez son más cortas. Cada vez hay más oferta y los teatros lógicamente tienen que repartir. Incluso ya en muchos privados también está sucediendo. Ha cambiado mucho la dinámica. Lo de la exhibición es un problema. Es la lucha. Y si no exhibes en Madrid, no lo ven los programadores y el proyecto apenas hace gira.
Y tu condición de mujer, ¿qué crees que le aporta de especial o de particular a la profesión?
La persona de la que más he aprendido es de Ana Jelín, que también es mujer. Esta profesión, generalizando, hasta hace unos años, todos los productores eran hombres, era como un club de señores.
Sobre la condición de ser mujer y las diferencias, a lo mejor los hombres son más ejecutivos, y las mujeres quizás tenemos otra sensibilidad, no lo sé. Las mujeres, en general, tenemos más escucha, más paciencia para todo. Más accesibilidad incluso al trato con los equipos, más presencia, que es algo muy propio de nosotras. El hombre parece más ejecutivo, pero es también más distante. Está muy bien en los asuntos financieros, en eso son mucho más pragmáticos, son más útiles.

Imagen del espectáculo La omisión de la familia Coleman.
Nosotras somos como más estructuradas. Estamos también muy acostumbradas a organizar y cuidar, incluso a organizar vidas de otras personas. Y luego somos más suaves en el trato. Yo creo que eso también ayuda. Puedes tener la misma autoridad, pero lo dices de otra manera. Y la gente se lo toma mejor.
¿Recuerdas el primer espectáculo que presentaste aquí en La Abadía?
La primera vez que yo trabajé aquí creo recordar que fue con Copenhague. Un espectáculo dirigido por Claudio Tolcachir con Carlos Hipólito, Emilio Gutiérrez Caba y Malena Gutiérrez.
Si pudieras destacar un espectáculo que tenga un lugar muy especial para ti y por qué, ¿cuál sería?
Prima facie, que es muy reciente, pero que significa mucho para mí por la temática que cuenta. Y otro que destacaría sería La omisión de la familia Coleman. Ana los vio en Buenos Aires. Los trajo aquí. Y fue el inicio no solo de una larga relación profesional, sino también personal. Hicieron una gira larguísima, de esas giras que se hacían antes que ahora sería impensable para una compañía pequeña que viniera de Argentina. Los lazos afectivos que se crearon han perdurado durante toda la vida. Seguimos siendo amigos y trabajando juntos.
¿Cuál es para ti la distinción entre la producción y la producción ejecutiva?
Para mí la producción es quienes han puesto el dinero. Así, en resumen. Básico. Si es una coproducción son todos los socios que han aportado económicamente a esa producción. Y la producción ejecutiva es la persona que ha llevado a cabo con ese presupuesto ese proyecto; ha ejecutado ese proyecto.
EXPOSICIÓN ILUSIÓN Y RIESGO. PRODUCTORAS DE TEATRO

A partir del 5 de junio
Comisario de la exposición: Ronald Brouwer
Entrevistas: Beatriz López
Horario: de martes a domingo
De 17:30 a 19:00 h y a la salida de los espectáculos
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