Entrevistamos al maestro versado en la pedagogía de Jacques Lecoq que durante estos días ha impartido un taller magistral de movimiento y creación actoral en La Abadía
Una entrevista de Ana Mª Caballero
Durante cinco jornadas, el Teatro de La Abadía ha tenido el honor de contar con el gran maestro Norman Taylor, experto en el método Lecoq que descubriera en 1976, cuando decidió marcharse de Reino Unido y hacer las maletas rumbo a París. Su pasión por el mundo del mimo y su particular forma de impartir clases de primaria en la capital británica hacían presagiar la deriva de lo que ha sido su profesión a lo largo de todas estas décadas. Aficionado al teatro amateur y a expresar sin decir ni una palabra, Norman Taylor se ha convertido en un referente del teatro físico que tuvo como maestro al mismo Jacques Lecoq. Con él, no solo recibió tres años de formación, sino que su afán de perfeccionamiento y pasión por el análisis y la técnica le permitió acabar uniéndose al equipo de instructores de la escuela del maestro francés. De hecho, de 1982 al 2000 imparte clases como profesor de expresión física y en 1983 da el salto a Bruselas gracias a otro profesor, Lassaâd Saïdi.
Tras la muerte de Lecoq, Norman Taylor decide tomar sus propias riendas de forma independiente expandiendo la enseñanza de su primer maestro, pero haciéndola suya. Tal es así, que Taylor ha compartido sus conocimientos con actores de la talla de Sergi López, Antonio Gil, Jorge Picó y de otras maestras como María del Mar Navarro e imparte talleres en varios países europeos (Austria, Alemania, Francia, España, Portugal, Finlandia, etc.), así como en Argentina, Canadá y Estados Unidos. Es miembro fundador de Embodied Politics, una organización que forma a profesores del método Jacques Lecoq. También formó parte del equipo de La Décole, una escuela internacional con sede en Bruselas. Mantiene una estrecha relación con la Escuela Philippe Gaulier de Étampes, donde imparte clases. Del 16 al 20 de marzo, Taylor ha impartido el taller magistral “El arte del movimiento para el oficio actoral / creativo”, acompañado de su ayudante Miguel Ángel Gutierrez, y con motivo de su visita hablamos con él sobre su trayectoria y las expectativas de estas sesiones.

“La opinión no debe interferir en la observación. El trabajo del artista es que puedan decidir qué es lo interesante para ellos y ellas; deben encontrar su estilo”
Partiendo de que el método Lecoq sitúa el cuerpo en el centro del proceso creativo, a la pregunta de cómo trabajan este lenguaje físico los y las intérpretes, Norman Taylor afirma que “aunque hay dos escuelas de pensamiento o de entrenamiento de este lenguaje, nosotros trabajamos con la “pelota de nieve”, que viene del cuerpo”. Para ello, el maestro británico toma de referencia el “método procedural brillante” del que fue su maestro: “Lecoq puso en proceso la forma en la que pensamos y esta consiste en que el movimiento viene antes de la palabra, es decir, nos movemos antes y después de hablar“. De esta manera, “ese movimiento se sitúa en la zona de silencio, porque no hemos hablado aún y después de hablar hay una nueva zona de silencio, en la que volvemos a movernos. De modo que Lecoq analiza el movimiento de principio a fin”, explica Taylor.
Para el primero discípulo y después maestro de maestros, una de las cosas que ama es “que si sé lo que estoy haciendo, puedo hacer cualquier cosa que quiera”. Para ello, Taylor se basa en un lema, que enseña como mantra en sus clases: “Observa, analiza y constata“. Taylor puntualiza que “la opinión no debe interferir en la observación. El trabajo del artista es que puedan decidir qué es lo interesante para ellos y ellas. Yo no puedo decidir qué es lo interesante para cada uno o una. Ellos y ellas saben mejor que yo lo que quieren. Su trabajo es decidir qué es lo que quieren, definir su estilo. Al fin y al cabo yo soy un mero artesano que les proporciona las herramientas para que se conviertan en el o la arista que desean ser”.
“La neutralidad significa tener total esencia de la presencia. Es lo que tú eres o puedes ser”
Durante muchos años como docente, Norman Taylor ha trabajado con la Máscara Neutra y en la conversación, que fluye con ejemplos didácticos, surge la cuestión de por qué la neutralidad ayuda tanto a la creatividad de los actores y de las actrices. “Compartimos referencias. Somos iguales antes de ser diferentes dependiendo de nuestros referentes. Me encanta decir por ejemplo que los verbos no tienen opinión, pero otras palabras como puede ser “padre”, pueden tener diferentes significados para personas distinitas”. Esta afirmación le lleva a rememorar su etapa en el primer año en el programa de Lecoq, donde “te enseñaban a ser tú mismo en diferentes espacios: en una piscina, en una oficina de correos, en un cóctel, esperando al autobús… Cómo puedes ser tú fuera de esta habitación”. Es entonces, “cuando aparece la Máscara Neutra y te plantea la pregunta ‘¿puedes ser más grande de lo que eres?'”, puntualiza. “La esencia de la neutralidad, de la Máscara Neutra, es limpiar los comportamientos pasados yendo hacia lo que queremos”, continúa.
En sus sesiones durante estos días en el taller magistral impartido en La Abadía, Taylor explicaba que habían hecho varios ejercicios desarrollados por Jacques Lecoq consistentes en “analizar lo que hacemos como acción. Desde cómo levantar una mesa, por ejemplo: ‘¿Qué hago, empleo solo los brazos o me tengo que ayudar del cuerpo si es demasiado pesada?’ En cualquier caso, el objetivo es darse cuenta de lo que uno está haciendo. Se trata de analizar todo lo que hacemos y todo lo que decimos de acuerdo a unos referentes. Es simple, pero no fácil”.
“Antes que plantear preguntas, lo que les digo a las personas en mis clases es que `¡Vayan a por ello!´”
Para adentrarse en el teatro físico, Taylor asegura que la actitud o práctica esencial que debe tener un actor o una actriz para su desarrollo es lo que “denominamos en inglés ‘Go for it!‘, un ‘¡Ve a por ello!'”. Para el maestro, la gente que se cuestiona o formula preguntas antes de un ejercicio, lo hace demasiado pronto: “No se dan la oportunidad de lanzarse, de esperar un poco más y ver si la pregunta que se hacían era correcta o no”. Y la manera para hacerlo es despertar su curiosidad, algo en lo que Norman es un especialista: “Les planteo cuestiones sobre hechos que pueden parecer prosaicos como ‘¿Por qué un avión se mantiene en el aire, por qué despega o aterriza o por qué una góndola va recta a pesar de que el gondolero solo rema de un lado?’. Ser curioso te hace interesante sin que te convierta en un experto, pero nos devuelve al lema de ‘obervar, analizar y constatar'”; y eso siempre sorprende a su audiencia.
Precisamente y respecto al grupo al que ha impartido clase estos días en La Abadía, Norman Taylor tenía claro lo que quería que aprendieran y es que “se lancen a hacerlo”. De hecho, explica una anécdota en torno al actor australiano Geoffrey Rush cuando fue preguntado por “cómo ponía en práctica lo que aprendía en la Escuela de Lecoq y su respuesta fue ‘no lo sé'”. Esa contestación, comenta Taylor, “me hizo pensar: Soy profesor y le puedo explicar a una actriz o a un actor cómo lo hace, pero probablemente él o ella no y eso es lo que les hace buenos intérpretes”. Cuando le pido que ahonde un poco más, me comenta que “algunos o algunas intérpretes se preguntan por qué hacen un cierto ejercicio e incluso toman una actitud de no querer hacerlo”. Taylor prefiere ser directo y decirles: ‘Lánzate a hacerlo’. “Creo que pueden ser mejores de lo que son y no es pretencioso, porque sé que tienen la capacidad para conseguirlo”, añade.
A pesar de tantos años enseñando el método Lecoq, en su estilo propio, Norman Taylor se sigue sorprendiendo acerca de las personas que acuden a sus clases, como el grupo que le ha acompañado estos días en La Abadía: “Me doy cuenta de que este grupo quiere aprender, quiere actuar, quiere hacer esto.Todas y todos tienen muy buena actitud”, afirma. Y destaca precisamente algo que para él es la regla de oro: “Siempre es la primera vez”. “Para ellos y ellas siempre es su primera vez aunque hayan leído o interpretado muchas veces una obra. Están dispuestos y dispuestas a enfrentarse al ejercicio como si no lo hubieran hecho antes. Los quiero entrenar para que no vayan con el piloto automático”, concluye.













