Hablamos con la fundadora de Emilia Yagüe Producciones, también socia fundadora de la compañía Ay Teatro
¿Cómo llegaste a esta profesión?
Con 15 años, en la asociación de vecinos de mi barrio, había un grupo de teatro. Me apunté e hicimos una obra de Lauro Olmo, Asamblea general. Y me cambió la vida. Esa fue mi primera toma de contacto. Unos años después, ya con 18, me encontré con un profesor argentino, Ángel Ruggiero, a quien tuve de maestro durante dos años.
Empecé en la escuela de teatro y cuando terminé hice algún trabajo como actriz, pero me di cuenta de que mi talento no estaba en la escena. Por un lado, me sentía demasiado exigente conmigo misma y por otro percibía que, comparada con la talentosa gente que me rodeaba, yo era más bien alguien de notable. No era ni de sobresaliente ni de matrícula de honor. Entonces entré en crisis, dejé la profesión y decidí marcharme.
Me independicé con 18 años y para poder mantenerme empecé a trabajar en empresas de servicios. Entré en una multinacional donde me enseñaron un montón de cosas, como contabilidad, que yo no sabía. A los dos años, me proponen hacer cursos de técnica de ventas, role playing, y eso para mí era fascinante. Cuando quedó una plaza, me la ofrecieron a mí y empecé a ganar exactamente más del doble. Estuve otros dos años. Pero me aburría igual.
Yo amaba el teatro. Lo que quería era poder unir todo lo que había aprendido en el ámbito empresarial y en la escuela de teatro. Me apunté a un curso de producción con el Teatro de la Danza y la empresa.
Y empecé a llamar a las puertas. El primero que me la abrió fue Ángel Facio. Cuando descubrí la distribución, me di cuenta de que a mí me gusta mucho unir a la gente. Poner en contacto a la gente es algo que me divierte. Además, me recupero bien del no. Gestiono muy bien los noes. Me di cuenta de que había muy buenos profesionales de producción, pero que había poca gente de distribución.
“En marzo de 2001 monto la empresa y ahí comienzo a distribuir a compañías. Acompañar a alguien. Ese era mi sueño”
¿Y cuándo decides que quieres montar tu empresa?
Me doy cuenta de que siendo empleada no tengo futuro. Además, los años van pasando. Descubrí que yo quería montar mi propio proyecto. Siempre he sido ambiciosa: tenía una necesidad de explorar, asumir retos. Ahí es donde decido que la única salida que tengo es establecerme por mi cuenta. En marzo de 2001 monto la empresa y ahí comienzo a distribuir a compañías. Acompañar a alguien. Ese era mi sueño.

¿Cómo definirías la importancia de hacer un buen diseño de producción?
En el caso de Ay Teatro, empiezo a producir porque me doy cuenta de que trabajo con un director (Yayo Cáceres) y un autor (Álvaro Tato) que sienten la necesidad de abordar proyectos diferentes, con otros elencos, en otros formatos. Y que alguien se los va a llevar. Alguien que sea un poco listo, se los va a llevar para dar cabida a esos proyectos. En el diseño de producción a nivel artístico, ahí no me meto. Cada uno de nosotros sabemos muy bien dónde está. Cuál es nuestra parte. De lo que me encargo yo es de analizar qué tipo de proyecto tenemos. Porque no es lo mismo hacer un Vive Molière que un Malvivir.
El mercado tiene unos límites económicos y trabajamos en situación de déficit. Las administraciones deben garantizar el acceso a la cultura a quienes más lo necesitan, pero una parte importante del público puede asumir el precio real de las entradas. Quizá sea momento de revisar algunas políticas culturales que damos por asumidas.

Dicho esto, hay unos márgenes. Ese sí que es mi trabajo, decir: «Chicos, si queremos cumplir estos objetivos, tenemos que movernos en nuestra franja económica; nuestra inversión tiene que ser tanta para poder recuperarla en un número determinado de funciones que yo estimo». Luego, de repente, te dan sorpresas y se superan las expectativas. Pero ese es mi trabajo, contener y equilibrar todos los factores para que no nos arruinemos, para que estemos dentro del mercado.
También es cierto que yo tiendo —y ellos están de acuerdo conmigo— a ajustar cachés, precios, para trabajar más. A lo mejor conseguimos los mismos resultados económicos o incluso obtenemos beneficios, si es que hay. A cambio de trabajar mucho más y hacer más funciones, porque un caché ajustado proporciona más trabajo. Y lo consigo gracias a la estructura, porque tengo gente en la oficina y desde hace muchos años: Carmen lleva 18 años conmigo, Marina lleva 10. Ganamos lo mismo haciendo 60 funciones con caché ajustado que si hiciéramos 30 con caché alto. Pero damos muchísimo más trabajo al equipo y al elenco, y tengo una sensación de que eso le da sentido al esfuerzo que hacemos.
Mi obligación es ver exactamente cuál es nuestro lugar de mercado, dónde está, y hacer una estimación para que mis compañías sean solventes… y para poder yo también vivir de ello, claro. Podemos realizar ese tipo de inversiones e intentar ofrecer siempre precios muy competitivos y lo más ajustados posible porque me gusta mucho hacer gira. Las giras cada vez son más pequeñas. Cada vez hay menos dinero. Y los que nos dan de comer realmente son los ayuntamientos. Y en muchos de ellos se percibe la pérdida del poder adquisitivo. Por otro lado, los gustos están cambiando. La sociedad está yendo a esos grandes macroeventos, los musicales.
En el caso de Ron Lalá, que es una compañía independiente con equipo estable, es muy importante lograr la mezcla entre esa continuidad y la flexibilidad de dejar que sus componentes sean individuos. Creo que eso es lo más complicado: ¿Cómo consigues que esa estructura se mantenga a nivel de individualidad y que cada uno se pueda desarrollar y crecer más allá del grupo? Nosotros nos sentamos y hablamos: «¿Cómo hacemos con la siguiente? ¿Qué es lo mejor? ¿Por dónde avanzamos? ¿Seguimos con esta propuesta o con esa otra? ¿Qué hacemos económicamente?». Si se me arruinan, la inversión de 20 años se me va al garete. Así de sencillo. Yo los quiero y me importa que les vaya bien, y ojalá pudiera darles más; les consigo todo el trabajo posible con la realidad que tengo.
“Estoy en una etapa en la que estoy intentando que el proceso sea placentero. Lo vivo con mucha pasión”
¿Y cómo describirías la sensación que te produce realizar tu trabajo? ¿Qué sentimientos te genera tu profesión?
Para mí, mi profesión es siempre una negociación. Siempre estoy negociando conmigo, con la vida. Apenas he conseguido los objetivos en 2026 va bien, ya estoy con el 2027. Mi trabajo es constancia.
¿Cómo me siento? Paso por todos los estados. A menudo de frustración, de desesperación. Tengo un nivel de exigencia muy alto, casi paralizante. Pero con el tiempo te vas dando cuenta de que hay cosas con las que no puedes luchar. Ahora estoy en una etapa en la que estoy intentando que el proceso sea placentero. Lo vivo con mucha pasión.
¿Crees que la dinámica actual ha cambiado respecto a años anteriores, en lo que se refiere, sobre todo, a la distribución?
Está cambiando muchísimo. Creo que, con la tendencia actual, hay un modelo que está desapareciendo. Ojalá me equivoque. La administración pública es imprescindible. Y bueno, también hay un cambio social de gustos, de consumos, porque se mezcla espectáculo con cultura.

¿Cuál fue el primer espectáculo con el que te presentaste en La Abadía?
Fue Andanzas y entremeses de Juan Rana, de Ron Lalá, y después vino Vive Molière, con Ay Teatro.
Me gustaría que destacases un espectáculo que para ti tenga un significado especial y por qué.
Estaba dudando entre Siglo de Oro, siglo de ahora de Ron Lalá o el primero de ellos que distribuí: Mi misterio del interior. Este supuso nuestro momento de encuentro, de enamoramiento, mientras que Siglo de Oro, siglo de ahora inició la etapa en que todo se amplía, crece. Fue un punto de inflexión muy grande. Internamente supuso un gran cambio. Además, veníamos de un momento muy difícil a nivel económico donde estuvimos a punto de desaparecer.
¿Cuál es la diferencia para ti entre la producción y la producción ejecutiva?
Yo asumo la dirección de producción por mi tendencia a buscar esa visión general, donde realmente dirijo en la toma de decisiones. Y normalmente le confío las labores de producción ejecutiva a esa persona que está ahí en el día a día. No puedo estar diariamente porque perderíamos un montón de posibilidades en cuanto a distribución.
La productora que ejecuta está ahí al pie del cañón, asiste a los ensayos, con los elementos. Y el papel de alguien como yo, con esa visión general, es dirigir el tráfico, que no haya colisiones entre los departamentos y los equipos, sabiendo qué tipo de producción tenemos, con quién, cuánto tenemos, tanto a nivel económico como a nivel de equipo; eso para mí es la dirección de producción.
Quien ejecuta no necesita manejar toda esa influencia e información. Basta con que sepa que cuenta con 3.000 euros para gastos, pero no necesita saber de qué partida proceden. Quién financia, quién aporta, qué tipo de creador es mejor en función de lo que vas a hacer o más afín, a qué subvenciones podemos aspirar, y un largo etcétera. Esa sería la diferencia, que no sé si es muy correcta o no, honestamente, porque tampoco me lo enseñaron en la escuela.
Página web de Emilia Yagüe Producciones.
EXPOSICIÓN ILUSIÓN Y RIESGO. PRODUCTORAS DE TEATRO

A partir del 5 de junio
Comisario de la exposición: Ronald Brouwer
Entrevistas: Beatriz López
Horario: de martes a domingo
De 17:30 a 19:00 h y a la salida de los espectáculos
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