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El teatro de La Abadía se convierte en escenario de un crimen en “Asesinato de un fotógrafo”

Hablamos con Pablo Rosal, autor e intérprete de esta obra al más puro estilo noir

Fotografía: Laura Ortega.

Bajo la dirección teatral de Ferran Dordal i Lalueza y con Pablo Rosal como autor e intérprete, el público de La Abadía se convierte en testigo de un crimen. El detective privado Julio Romero recorre la ciudad encontrándose con una serie de personajes, todos ellos sospechosos del asesinato del fotógrafo Franz Ziegetribe. La observación y la intuición guiarán sus pasos.

Toda escena de un crimen es una puesta en escena. Todo cadáver inaugura un relato. El relato es el discurso del criminal. Desmantelar un relato es encontrarse con el funcionamiento de la vida. De esta manera, asistiremos a un clásico proceso de investigación con todo el regusto del género noir adaptado a las leyes del teatro. El deleite por la traslación de dicho género a nuestro tiempo regado por una poética posmoderna constituye el núcleo de la propuesta.

Hablamos de la obra con su autor e intérprete, Pablo Rosal.

PREGUNTA: ¿Qué historia vamos a encontrar cuando vayamos a ver “Asesinato de un fotógrafo”?

RESPUESTA. Lo que se va encontrar el espectador es un drama de estructura clásica muy reconocible, un drama detectivesco, noir. La mezcla de un montón de referentes, es decir, de sabores conocidos, lugares comunes, desde Sherlock Holmes a Colombo, dispuestos de una manera bastante universal pero en la contemporaneidad. Es como la destilación de muchos vicios, hecho como una destilación de mis vicios propios, pero que son los vicios de todo el mundo. He descubierto que es un lugar común en muchas personas el leer o ser apasionados de las novelas negras y esto es lo que van a ver, pero con todas las herramientas del género usadas en la contemporaneidad.

P. ¿Cómo ha sido el proceso de adaptar este género al teatro?

R. Este ha sido el desafío. Definitivamente es algo que no se suele hacer, porque el género detectivesco requiere de mucha escenografía, mucha producción, de muchos personajes. Sí que se ha hecho en cierta medida con obras como “Diez negritos” de Agatha Christie al ser una comedia-drama de situación. Además el género negro está muy cargado de códigos que sólo los entiendes si sabes que estás en el código y esto en teatro suele chirriar mucho. Por esto precisamente lo que hemos hecho ha sido aceptar que estamos jugando y planteárselo así a los espectadores para ver si ellos quieren participar de este juego o no. Es un ejercicio de conciencia cultural compartida para intentar llegar a otros sitios. No es el objetivo único el intentar hacer un homenaje a este género sino también hay un dispositivo de esta obra que tiene que ver con la fotografía, con tener un sólo actor que hace de muchos personajes y esto es lo que hemos buscado, cómo sólo un actor y una pantalla fija puede devolvernos la magia de una historia detectivesca, siendo totalmente estático. Esto era el desafío y lo que hemos intentado conseguir.

P. ¿De qué ambición nace esta idea? ¿Proviene de tu propio gusto por este género?

R. Sí, absolutamente. Por una parte proviene de mi propio gusto por el cine negro, el género detectivesco y noir, pero por otro lado nace de la necesidad de plantearme un desafío a mi mismo. Además el código del género noir te permite mucha libertad porque está todo sostenido en un código que no es naturalista, entonces llegó un momento en mi vida en el que este desafío tenía sentido y tiré para delante.

El género negro siempre me ha gustado mucho, porque es un retrato sobre las épocas, sobre los bajos fondos del alma, sobre qué nos interesa tanto en la muerte, en el matar, en el sacrificar personas, qué significa esto de tener la lucidez de descubrir al asesino o a la asesina. Hay ahí muchas cosas arquetípicas en el género que palpitan mucho y que son muy atractivas.

Luego por otro lado me apetecía investigar como un sólo intérprete es capaz de sugerir, apenas con su voz y su presencia, multitud de personajes, sosteniendo un diálogo sólo con la capacidad de la sugerencia. Esta capacidad está en los fundamentos de esta obra porque esta obra es un homenaje a las capacidades de soñar sin movernos. Entonces un poco es este cóctel de ambas cosas, mi pasión de siempre por este género concreto y el desafío de poder ser un sólo actor que interprete varios personajes a la vez.

P. Hablando de este tema, sobre la interpretación de varios personajes a través de la actuación de un único actor, en este caso tú, ¿Cómo llevas este desafío a escena?

R. Este es el quit de la cuestión y es el atractivo por el que invito a todo espectador o espectadora a que venga, porque es el desafío y de verdad creo que lo hemos logrado. Hemos estado un mes actuando en Barcelona y creo que lo hemos logrado y ahora venimos aquí a compartirlo a ver si es verdad esto. Porque el desafío consistía básicamente en ver si es posible sin hacer cambios de vestuario o trasformismo, sólo a través de la sugerencia, poder hacer diferentes personajes y situaciones en el escenario. Con texto evidentemente claro y que acompañe. Pero esto es lo emocionante, saber que este desafío funciona.

Pero esto no es una alegría mía propia o de Ferran, es una alegría del alma humana, saber que funciona, sólo a través de la sugerencia el cerebro despierta y empieza a imaginar y crear situaciones y escenarios. Poder generar un código interno en la obra que fuese suficientemente sólido para sostener esta maquinaria.

P. Mencionando a Ferran Dordal, él es el director de la obra, ¿Cómo ha sido trabajar juntos?

R. Ferran y yo tenemos una gran amistad, esta obra ha sido la consecuencia de muchos años de trabajo, de labrar tierra, de confiar en que tendríamos una buena oportunidad algún día y esta oportunidad por fin ha llegado. Nos conocemos desde hace 20 años y hemos tenido muchos caminos paralelos, estudiamos lo mismo y luego hemos ido trabajando muchas veces juntos y nos hemos seguido la pista. Ha sido muy orgánico trabajar con él porque él sabe mis virtudes y mis defectos. Además el texto y la propuesta eran suficientemente claros para poder llegar a acuerdos muy fácilmente. Siempre ha sido muy a favor y en esta obra en concreto había que remar muy a favor de mí porque era yo sólo una hora y media en escena. Ha sido muy agradable todo el proceso, él ha hecho un trabajo muy importante a la hora de poner orden, yo necesitaba esta figura externa que dirigiera un poco toda la magia.

P. ¿A qué público le recomendarías que viniese a ver esta obra?

R. Yo por la experiencia que he tenido en Barcelona se lo recomendaría a todo el mundo, porque ha venido gente que ha visto mucho teatro ya con 60 o 70 años y han salido encantados, gente que venía porque el título le llamó la atención, gente joven, gente de mi edad.

Por lo transversal que es este género y no naturalista, que se desvincula un poco de las relaciones sociales del peso de lo mundado, que juega un nivel mítico pues se acaba convirtiendo en un gustón, dar un gustón creo que es eso. Por lo que he visto se la recomendaría a todo el mundo que tenga ganas de teatro.

P. En tus propias palabras dices que la trama se explicaría en tres elementos visiblemente separados, ¿Cuáles serían estos elementos?

R. Los tres elementos serían el actor, o más bien la palabra, la imagen y el sonido, estos tres elementos que normalmente están unidos y ensamblados lo que hace este espectáculo es disociarlos con la esperanza de que en el espectador se haga la fusión. El espectáculo propone un dispositivo deconstruido a próposito para que la magia se produzca en el espectador. Son estas tres casi cosas que juntas en una circunstancia escénica hacen un llamado al público a ver si en el público se hace el milagro y se juntan y durante el espectáculo está la esperanza de que suceda.

P. Para finalizar, ¿Qué reacción te gustaría generar en el público de La Abadía?

R. Pues sería una gran aceptación de este juego, la obra es una trama convencional súper clásica pero con una resolución muydirigida a nuestro tiempo y que deja un poco perplejo a veces al público. Lo que yo quiero es que se entreguen, que acepten el reto de jugar a este código y que se demuestre que es posible hacer un noir detectivesco en el teatro y además resulta muy muy gozoso.

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