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Diego Lorca y Pako Merino, de Titzina: “Nuestros personajes tienen la necesidad de reírse de su propia tragedia”

Entrevistamos a Diego Lorca y Pako Merino, fundadores de Titzina y creadores de Búho, obra que llegará a La Abadía el próximo 5 de octubre

Con motivo de la llegada de Titzina al Teatro de La Abadía de Madrid, y más adelante al Corral de Comedias de Alcalá, conversamos con Diego Lorca y Pako Merino. Ambos son los creadores de la tragicomedia Búho, obra que acogerá el escenario de la sala José Luis Alonso el próximo 5 de octubre.

Diego Lorca y Pako Merino presentan Búho, una historia en búsqueda de la memoria que, sin olvidar la profundidad del tema que tratan, está cargada de humor y fuerte potencia plástica. La obra, tiene como punto de partida a Pablo, un antropólogo forense que sufre un accidente que le provoca amnesia severa.

Búho se inspira en la historia real de Clive Wearing, un director de orquesta que perdió la memoria y solo era capaz de retener siete segundos. Tras varias pruebas, los médicos descubrieron que su cerebro estaba siendo atacado por el virus del herpes simple tipo 1 que derivó en una encefalitis. Los doctores le dieron un 20% de posibilidades de sobrevivir, pero, aunque actualmente, Wearing sigue padeciendo amnesia, hay algo que sí recuerda: la música. 

Durante los casi dos años de investigación, Lorca y Merino trabajaron con personas que pasaron por episodios similares que ayudaron a construir esta búsqueda de la memoria y la identidad. También se rodearon de profesionales que trabajan en el subsuelo, una metáfora de doble dirección sobre la profundidad de la mente. Con motivo del estreno de la obra en el Teatro de La Abadía, hablamos con Diego Lorca y Pako Merino, creadores de Titizina.

PREGUNTA: Habéis tardado casi dos años en preparar el relato, ¿cómo ha sido el proceso de creación desde la idea inicial hasta su puesta en escena?

PAKO MERINO: Los dos pilares principales de esta obra, surgen, por una parte, de la identidad y dentro de ella había varios valores. Uno de ellos, que nos resultaba muy inspirador e importante, era la memoria. Cómo los recuerdos y la memoria completan lo que somos. Esa memoria y esos recuerdos son la base de nuestra propia identidad. Entonces, ¿qué pasa si en algún momento esos recuerdos se pierden?

Por otro lado, la parte de la amnesia. Encontramos en una serie de libros de este tema que hablaban sobre el mundo del subsuelo, qué hay debajo de nuestros pies, ese mundo inexplorado que está muy cerca de nosotros, que es muy inaccesible y genera miedos e inseguridades. Pero al mismo tiempo nos lleva a la parte más ancestral nuestra, al inicio del ser humano, cuando este se protegía en las cuevas, se adentraba para crear rituales…

Contactamos el Instituto Guttmann de Barcelona, un hospital que trabaja con gente con daños cerebrales. Nos pasamos varios meses viendo cuál es la realidad de un paciente y de un neuropsicólogo y cómo trabajan para recuperar parte de los recuerdos. Buscamos también a esa gente que trabaja en lugares inaccesibles, desde youtubers que se graban colándose por el alcantarillado de forma ilegal por Madrid hasta Mossos d’Esquadra. Y desde una parte más histórica con antropólogos y conservadores de cuevas como las del Cantábrico. Gente que trabaja constantemente en cavernas y que tiene acceso a pinturas rupestres, a esos primeros símbolos del ser humano.

«Las observaciones, inquietudes e ideas se concentran en un hilo argumental, a modo casi de thriller»,

Diego Lorca

P: ¿Cuántos relatos reales componen la historia de Búho? ¿Cuál fue el que más os llamó la atención?

DIEGO LORCA: En realidad no son relatos. Búho presenta la historia de una persona en concreto y la dramaturgia absorbe muchos momentos que nos vibraban tanto a Pako como a mí para confeccionar una historia de esa búsqueda de la memoria. Búho absorbe de la realidad y de la desorientación de un paciente, no de uno concreto, sino de muchos. Se inspira en ese transitar por la oscuridad, donde ese avance sobre la incertidumbre te produce estar envuelto y arropado por la oscuridad. Y al mismo tiempo que cuando tú enfocas con tu linterna, metafóricamente, con tu memoria, un recuerdo acertado, de repente se ilumina algo positivo en ti.

Asimismo, Búho bebe de la experiencia de cuando estábamos transitando por las cuevas y veíamos los restos sobre una pared, de una cueva de fósiles de miles de años en la antigüedad, de un ser humano que hace 40.000 años ejerció un trazo, una parte de su identidad, un dibujo cultural sobre una pared. Todo eso Búho lo recoge en un argumento dramatúrgico. O sea que en realidad no puedes descifrar uno solo. Es el proceso de dos años, donde todas las observaciones, inquietudes e ideas se concentran en un hilo argumental, a modo casi de thriller.

P: ¿Qué fue lo que más os inspiró/llamó la atención de esos bajos fondos que recorristeis?

LORCA: Yo creo que cada lugar profundo, o sea el de la mente de los pacientes, en ese caos de cosas evidentes, la parte humana de la tragedia es lo que me impresiona siempre. Cuando vi pinturas reales rupestres, algo estalló en mi cabeza, porque al final es un hecho, un dibujo que tú lo interpretas casi como infantil “sencillo”. Pero de repente reconoces que eso lo ha hecho un ser humano como tú y que eso se ha producido hace 40.000 años y perdura.

MERINO: También hay algo en la parte de la oscuridad que era muy interesante y es cómo uno pierde la orientación espacial cuando estamos en un túnel, apagas la linterna y ves una oscuridad tan brutal. O en una cueva como hemos estado con un espeleólogo pasando la noche allí. Entonces solo te queda el sonido como único punto de conexión con la realidad. Al pasar mucho rato es casi como que el espacio y la mente acaban convirtiéndose en una sola cosa.

P: ¿Cuáles fueron los mayores desafíos que tuvisteis que afrontar para crear la obra?

LORCA: Yo creo que la parte más compleja siempre es cómo compactar y resumir en un espectáculo de una hora y media todas las sensaciones, el mundo visual y el mundo plástico que teníamos y aunarlo en un espectáculo que funcione rítmicamente y que haga estallar en el espectador grandes partes de las que hemos vivido en esos dos años.

Diego Lorca y Pako Merino en una de las escenas de Búho

P: ¿Cómo se puede añadir ese punto de humor sutil a algo tan trágico y duro como la pérdida de la memoria?

MERINO: Al final la realidad siempre tiene esas dos caras. Los temas que hemos tratado siempre han sido universales y con una gran carga de dolor. Siempre ha habido esos trasfondos con esa tragedia, pero los hemos intentado contar desde la cotidianidad.

Cómo reconducir al público es también una característica de todas nuestras obras. Cuando alguien ve desde fuera a los personajes, ve que se generan situaciones cotidianas que a veces pueden parecer confusas. En un inicio pueden ser cómicas porque son repetitivas, pero uno no sabe la gravedad de la situación que está viendo. De hecho, puede parecer una pequeña dosis de algo que nos puede pasar a nosotros. Ahora bien, la tragedia empieza cuando eso se comienza a repetir y no hay escapatoria, pero siempre hemos jugado con el humor como una forma también de acercar el tema.

LORCA: También tenemos interés por esa visión positiva de la vida, aunque son temas en los que a priori la idea preconcebida que tenemos los puede hacer ver como una losa sobre la esperanza humana, siempre hay una visión muy positiva de las cosas. Y al final, nuestros personajes tienen esa necesidad de reírse de su propia tragedia y eso provoca que nuestras historias tengan esa parte humorística.

P: El trabajo visual en Búho destaca de manera llamativa, ¿cómo fue la realización para que entonase con un texto tan profundo?

MERINO: Estamos en proceso de observación de los espacios que vemos. Y eso comprende no solo el lugar, sino la luz, los materiales y las formas de expresión cercanas a lo que estamos buscando. Nos gusta encontrar fuente de inspiración en otros artistas, cómo han tratado esas temáticas y qué materiales han utilizado, cómo lo han expresado, no por copiar sino porque a veces encuentras caminos que te ayudan a abrir otras puertas.

La pregunta que nos hacíamos era: ¿cómo trasladamos al público una mente humana cuando nosotros mismos no somos capaces de describirla? Cómo los recuerdos, que a veces se mezclan unos con otros, no tienen coherencia. Entonces, ¿cómo hacerlo plásticamente? Y esta es la primera vez que hemos añadido el vídeo. Aquí encontramos que, para intentar plasmar el interior de la cabeza, necesitábamos una herramienta más y apostamos por esa parte visual.

LORCA: No vamos a lo individual, sino que la apuesta es por el global, por el todo. Lo importante es que, en sí misma, la obra tenga un todo. No le damos la responsabilidad ni confiamos solo en una parte del lenguaje. Es decir, no vamos a fiarnos solo de la palabra, ni del talento del actor, sino que la historia puede ser contada un mismo momento desde diferentes ámbitos y diferentes lenguajes. Y ahí vamos probando. Si una imagen sustituye a una palabra, puede ser interesante, ¿cuánto? Pues vas probando. En esa alquimia de puesta en escena al final conseguimos poner todo o gran parte de la exploración, en lenguajes que hicimos previamente: del plástico, del visual con vídeos…

P: ¿Qué buscáis provocar en el público con esta obra?

LORCA: Para nosotros el objetivo único de cualquier obra es que llegue al espectador y que le impacte, que pueda entender qué ha pasado ahí. Historias concretas que puedan relacionar con su propia tragedia y su propio drama de la pérdida de memoria, pero al final eso es secundario en la trama. Es una propuesta de una inmersión sobre una serie de lenguajes que te van a dinamizar y te van a transportar y lo bello es parte fundamental de Búho.

Desde el 5 de octubre y hasta el día 22 se representará en la sala José Luis Alonso a las 20:00 h, excepto los domingos que comenzará a las 19:00 h. Además, Búho está dentro de la programación de Las matinales de La Abadía y se podrá asistir por la mañana el miércoles, 11 de octubre, a las 12:00 horas. Entradas ya a la venta.

Marina Arcís.

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