El dramaturgo y perfomer español presenta junto al pintor portugués João Gabriel el estreno absoluto de Los Chicos de la Playa Adoro
Una entrevista de Gabriel Pérez de Castro

El dramaturgo y director teatral andaluz Alberto Cortés, conocido por su arriesgada narrativa en piezas como El Ardor, One Night at the Golden Bar y Analphabet, llega por primera vez al escenario de La Abadía con el estreno absoluto de Los Chicos de la Playa Adoro. La obra, fruto de la colaboración con el pintor portugués João Gabriel y de una invitación conjunta de BoCA – Bienal de Artes Contemporáneas 2025 y del Teatro do Bairro Alto, se podrá ver en Madrid en su estreno absoluto los días 3 y 4 de octubre. Después viajará a Portugal, donde se representará los días 25 y 26 de octubre.
El montaje explora la intimidad homosexual masculina desde la poesía y el cuerpo, con referencias al cine porno de los años 70 y 80, y plantea un diálogo singular entre dos creadores de orillas distintas pero obsesiones comunes. Con motivo de este estreno, conversamos con Cortés sobre su obra, sus inquietudes y su manera de entender la masculinidad, la escritura y la escena contemporánea.
Pregunta: ¿Qué se va a encontrar el público que asista a la obra?
Alberto Cortés: Las personas que vengan se van a encontrar con situaciones donde trabajamos con los cuerpos para propiciar un encuentro íntimo. Es, de alguna manera, una forma de poner poesía a un encuentro entre dos hombres.
P: ¿Recuerdas tu primer texto o la primera obra en la que sentiste que realmente estabas diciendo algo auténtico sobre ti?
R: Sí, escoger solo una es una tarea complicada, pero la que se me ocurre ahora mismo, se llama O Fantasma, de João Pedro Rodrigues. Tiene mucho que ver con mis búsquedas y con lo que sigo investigando hoy.
El universo creativo de Cortés está atravesado por la memoria, la violencia y la identidad, pero también por la reflexión queer. En Los Chicos de la Playa Adoro aparecen referencias directas a películas pornográficas de los años 70 y 80, como Boys in the Sand o Equation to an Unknown. Pero lejos de quedarse en la cita, el autor propone poner palabras y poesía encima de esos cuerpos, imaginar otras formas de intimidad homosexual masculina. Una intimidad que, en sus propias palabras, “puede entenderse como una necesidad actual de curación”.
P: Has hablado en muchas ocasiones de la masculinidad en tu trabajo. ¿Cómo la defines actualmente en tu obra y qué intención tienes al visibilizar los diferentes tipos de masculinidad?
R: La relación con la masculinidad tiene que ver con un posicionamiento, con una reflexión sobre repensar la masculinidad desde la perspectiva queer. Creo que lo que aparece en mis obras son referencias y propuestas para reconstruir una nueva masculinidad.
P: ¿Cuánto de íntimo, de colectivo y de político hay en tu escritura?
R: Son tres conceptos muy amplios y no podría medir cuánto hay de cada uno. Pero construyo desde esos lugares. El cruce entre lo íntimo, lo colectivo y lo político es lo que marca mi trabajo.
La Playa Adoro imaginada por Cortés y Gabriel no es solo un escenario, sino un espacio simbólico a medio camino entre Lisboa y Madrid, a 312,45 kilómetros de ambas ciudades. Allí, dos cuerpos masculinos se encuentran en los recodos naturales del cruising para reconocerse y, al mismo tiempo, para cargar ese acto de significados colectivos e históricos.
P: ¿Crees que poco a poco veremos más representaciones queer en las programaciones españolas?
R: Ahora mismo en muchos circuitos lo queer se utiliza como una corriente para cubrir cuotas de programación. Muchas veces formamos parte de una moda, de una etiqueta. Usar lo queer desde las instituciones puede ser peligroso. Claro que hay que vivir la oportunidad y no negarse a ella, pero también hay que ser conscientes de esa tendencia a convertirlo en moda. Lo veo mucho. Y creo que esa corriente seguirá creciendo hasta que haya un volantazo fascista que le dé la vuelta. El conservadurismo y el fascismo están asomando la pata y eso me deja realmente noqueado.
Me gustaría que las programaciones españolas fueran diversas, que hubiera cabida para distintas formas de trabajar y que se apostara por el artista y su manera particular de hacer las cosas.












