Àgata Roca: “Es necesario que el teatro denuncie la crisis de la vivienda, que ya se ha convertido en un problema intergeneracional”

La actriz llega al Teatro de La Abadía con El imperativo categórico, una obra de Victoria Szpunberg que condena la crisis habitacional, la gentrificación y la precarización de las universidades con filosofía kantiana, ironía y humor

Una entrevista de Yoel Peña.

Al hablar de El imperativo categórico, la actriz Àgata Roca (Truman, Las Irresponsables) no duda, ni un instante, en compartir “la profunda satisfacción y las alegrías” que le ha supuesto protagonizar el texto de Victoria Szpunberg. Desde su estreno en el Teatre Lliure, la obra ha cosechado un rotundo éxito durante dos temporadas consecutivas en la cartelera teatral catalana, conquistando tanto al público como a la crítica y ganando numerosos reconocimientos entre los que destacan el Premio de Teatro Memorial Margarida Xirgu, el Premio Max a la mejor actriz, el Premio de la Crítica 2024 al mejor texto, mejor actriz y mejor escenografía o el Premio Ciudad de Barcelona 2024 de Artes Escénicas para Szpunberg.

Ahora, El imperativo categórico llega por primera vez a Madrid, estrenando versión en castellano, del 30 de octubre al 9 de noviembre en el Teatro de La Abadía. La obra pone el foco en la vida de Clara (Àgata Roca), una profesora de filosofía de cincuenta años que busca piso mientras se enfrenta a los obstáculos impuestos por los prejuicios sociales, la precarización universitaria, la gentrificación y la crisis habitacional.

Pregunta: ¿Qué relación tiene Àgata Roca con El imperativo categórico y con Clara, su personaje, después de tanto tiempo habitando su historia?

Àgata Roca: Es un sueño seguir dando vida a Clara y tenemos muchas ganas de llegar a Madrid que tiene un público muy teatral y fiel. Este personaje ha sido un regalo desde que Victoria Szpunberg me lo ofreció. Interpretar a una mujer de cincuenta años, que a pesar de su madurez y sus logros no tiene la vida resuelta, fue un reto desde el principio. Siento que ha sido un viaje auténtico y difícil. Después de haber hecho tanta comedia, me enfrentaba a un texto con muchos puntos dramáticos sobre la vivienda y las relaciones sociales con los que la gente nos confiesa su enorme empatía.

P: Nombrabas a Szpunberg, dramaturga y directora de la obra. Precisamente, este texto nace de sus propias vivencias y de testimonios cercanos a ella. ¿Te ha dado tranquilidad su guía en todo el proceso hasta llegar a Clara o sentías cierta presión al dar voz a su experiencia?

A: Lo hemos hecho todo juntas. Cuando me llegó el papel no tenía terminado el texto y lo construyó, un poco, a medida para mí. Interpreto a una mujer que, como profesora universitaria, puede dar una imagen de tener su vida en orden, pero no es para nada así. Al igual que mi personaje, Victoria también estuvo un tiempo buscando piso en Barcelona, tres años antes de hacer la obra, y quiso plasmar su proceso en escena. Ha sido un gusto poder acompañarla en este camino.

P: El acceso la vivienda es uno de los temas centrales de la obra. ¿Por qué crees que es importante que el teatro de voz a realidades como esta?

Es importante y necesario hacer una fotografía actual de esta crisis en el teatro. Se habla mucho de que la juventud no tiene acceso a la vivienda, pero esta obra trata su magnitud intergeneracional y cómo muchas personas adultas están atravesadas por esta problemática. Es un tema que cala en el público y creo que tiene un fuerte poder de empatía, junto a otros temas como la menopausia, la soledad o el estrés laboral.

P: ¿Cómo se ha abordado esta temática en el texto?

A: Narra todo el proceso de encontrar piso a los cincuenta años. Cuenta las dinámicas de las aplicaciones, el rol de las inmobiliarias y sus estafas. Victoria siempre cuenta que, en su búsqueda de piso, llevaba una grabadora en su bolso para tener un archivo con las conversaciones que tenía con las vendedoras. En muchas de las escenas hemos recreado esos diálogos. Además, es un tema que hemos vivido, o que todas vamos a vivir, en algún momento. Cuántas veces nos habrán mandado fotos de una casa sin luz, sin ventanas o engañándonos con los metros cuadrados…

P: En cuanto la empatía del público. ¿Crees que la obra difumina el nombre de Clara y los límites de Barcelona, como ciudad donde transcurre la trama, para dar rienda suelta a la identificación con cualquier persona que viva una situación similar en otro territorio de España?

A: Todo el país está igual y se identifica, se indigna y se emociona con esta realidad. Hablamos mucho de la gentrificación, de los fondos buitre y de cómo la gente que lleva toda la vida viviendo en un barrio se tiene que ir de su casa porque no puede pagar los alquileres abusivos. Siento que El imperativo categórico es un impacto con un drama durísimo que hemos querido suavizar con toques de comedia e ironía para generar un debate que traspasa las calles de Barcelona. Todo esto para provocar una ola de solidaridad allá donde llevemos la función y aportar un poco de humor y paciencia sobre esta realidad latente.

P: Esta propuesta teatral bebe de la filosofía de Kant. ¿Conocías antes el concepto del imperativo categórico que da título a la obra?

A: No lo conocía. He intentado hacer una aproximación a su filosofía para enfrentarme a Clara, pero es imposible. Recibí algunas clases de filosofía, pero es un concepto tan abstracto que me he quedado con aprender como viene, desde muy lejos, temporalmente hablando, las obligaciones y las leyes. Me he dado cuenta y estoy trabajando el dejar a un lado el “tienes que” y empezar a sustituir esta expresión por el “quiero que”.

P: La obra se desarrolla en varios espacios en los que interactúan tu personaje y los siete hombres a los que da vida tu compañero, Xavi Sáez. ¿Qué se va a encontrar el público en escena?

A: Es una escenografía muy dinámica a cargo de Judit Colomer que ha hecho un trabajo impresionante. Jugamos en muchos espacios que se van transformando en poco tiempo. Pasamos de un aula de universidad, a un piso, a un bar o a una consulta de médico y esto es increíble. El espectador hace el viaje con estas paredes y puertas que se mueven, junto al efecto de las luces y los sonidos. Yo no salgo del escenario de toda la obra y esta escenografía, como idea metafórica, me crea una sensación de claustrofobia y laberinto. Al final no deja de ser, también, en la que se encuentra sumergida Clara a nivel vital.

P: Hay una línea del texto que advierte que “la máquina no para de pinchar hasta que el hombre se desgarra”. ¿Qué futuro le ve Àgata Roca a la crisis de la vivienda? Porque Szpunberg también incide en que “lo que no cura la inteligencia, lo cura el tiempo y la mediación”

A: No puedo ser optimista.

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