Joan Collado: “El teatro nos invita a mirar nuestra adolescencia con ternura y humor”

El actor y director valenciano Joan Collado presenta junto a la compañía Pont Flotant la obra Adolescencia infinita, un viaje poético y vital que invita a revivir con humor, ternura y nostalgia una de las etapas más intensas y transformadoras de la vida

Una entrevista de Gabriel Pérez de Castro

El director y creador escénico valenciano Joan Collado, miembro fundador de la compañía Pont Flotant, presenta en el Teatro de La Abadía Adolescencia infinita, una propuesta cargada de humor, ternura y poesía que invita a mirar hacia atrás. La obra, que llega tras el éxito de Eclipse total —Premio Max a la mejor autoría teatral—, podrá verse en Madrid del 16 al 26 de octubre, dentro de la temporada 2025-26 del teatro.

En esta nueva pieza, Pont Flotant explora la adolescencia como territorio de transformación y caos, donde tres adultos intentan reconciliarse con su pasado y comprender la adolescencia actual. Mediante la utilización de títeres y una escenografía en constante movimiento, Adolescencia infinita propone un viaje vital entre el humor y la memoria.

Pregunta: ¿Qué se va a encontrar el público que venga a ver Adolescencia infinita?

Joan Collado: Se van a encontrar con un espacio de reflexión poética e íntima, un lugar donde mirar hacia la adolescencia —la suya propia y la de hoy— con mucho humor y ternura. Es una invitación a pensar en esa etapa desde la madurez, pero sin perder el juego ni la emoción.

P: ¿Qué hace de esta obra una experiencia tan especial para quien la vive en directo?

R: Creo que es una pieza que conecta con todo el mundo porque todos hemos pasado por la adolescencia o convivimos con adolescentes. La obra muestra tres maneras distintas de entender esa etapa y el público empatiza con cada una. Te ves reflejado, te preguntas cómo fue tu adolescencia, cómo te relacionabas con los adultos y también cómo miras a los jóvenes de ahora. Al final, es un espejo lleno de memoria.

Detrás de esta mirada hay más de un año de investigación. La compañía ha trabajado con psicólogos, pedagogos y adolescentes, además de revisar sus propias experiencias personales. Como en otros proyectos de Pont Flotant, la creación parte de lo autobiográfico para transformarse en algo colectivo y profundamente humano.

P: ¿Qué tipo de emociones o recuerdos crees que puede despertar la obra?

R: A mí, durante el proceso, me vinieron muchos recuerdos, secretos de adolescencia que nunca había contado. Situaciones que te daban vergüenza entonces y que, de algún modo, aún te incomodan. La obra toca esos lugares y te hace pensar qué cosas te marcaron: tus gustos, tu manera de relacionarte, tu visión política o emocional. Es un viaje para reencontrarte con quien fuiste.

P: La adolescencia suele asociarse al caos, al desorden. ¿Cómo habéis convertido ese caos en una experiencia teatral tan poética y ordenada?

R: Jugamos con los tópicos, con esa mirada adulta que ve al adolescente como “el otro”. En escena los adolescentes están representados por títeres manipulados por adultos, lo que muestra esa distancia que a veces tenemos con ellos. Pero poco a poco, el humor inicial da paso a algo más profundo y poético. A través de la música, la iluminación, la escenografía y los títeres, la obra se vuelve un lugar de vulnerabilidad, donde se revelan tanto las debilidades de los adolescentes como las de los adultos.

Con más de veinte años de trayectoria, Pont Flotant se ha consolidado como una de las compañías más singulares del panorama teatral español. Su sello: procesos de creación largos y colaborativos, un lenguaje escénico entre lo cotidiano y lo performativo, y una gran atención a la emoción del público.

P: ¿Y cómo se manifiesta esa identidad de Pont Flotant en esta nueva propuesta?

R: Partimos siempre de nuestras vivencias y las trasladamos a escena. Investigamos sobre nosotros mismos, sobre nuestra biografía, y la cruzamos con lo que nos rodea. A partir de ahí, filtramos todo lo que resuena con el grupo. Esa mezcla entre lo personal y lo colectivo es lo que hace que el público se reconozca. Además, jugamos con una teatralidad muy consciente: puedes ver las transformaciones, los cambios de personaje, los artificios. Eso crea una relación muy cercana con el público.

P: La obra no es una crítica a la adolescencia, sino casi una celebración de esa etapa. ¿Qué lugar ocupa la esperanza en este retrato?

R: La adolescencia siempre es una metáfora del futuro. En ella proyectamos tanto nuestras esperanzas como nuestros miedos. Y Adolescencia infinita habla justo de eso: de cómo muchas veces culpamos a los jóvenes de los problemas que nosotros mismos hemos creado. La obra es esperanzadora porque te invita a desmontar esos prejuicios y mirar con otros ojos. En realidad, es una celebración de la vida, de la transformación y de seguir buscando quiénes somos.

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