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Iván Morales pone el foco en lo cotidiano en ‘Desayuna conmigo’, una obra que habla sobre la precariedad económica y emocional de una generación heredera de la crisis

Esta producción de losMontoya podrá verse en la sala José Luis Alonso del 9 al 26 de enero

Siete años después de Sé de un lugar, el polifacético autor y director Iván Morales vuelve a hablar de las relaciones personales en Desayuna conmigo, un retrato intenso e imprevisible de la vida en pareja y el (des)amor adulto que podrá verse en la Sala José Luis Alonso del Teatro de La Abadía del 9 al 26 de enero.

En esta ocasión la incisiva mirada de Iván Morales pone el foco en lo cotidiano, ya no desde el duelo y la ruptura, sino en aquello que nos une, en cómo, una vez superadas las viejas convicciones, ya entrada la madurez, se puede volver a creer, se puede volver a amar. De ahí el título, Desayuna conmigo, porque a veces la ambición es solamente ésta, más allá de cualquier sueño grandilocuente; cuando solamente desayunar juntos es todo un triunfo. El desayuno representa además ese momento de conciencia y preparación antes de salir al mundo exterior, un momento íntimo, de vulnerabilidad, de ser quien uno es en realidad, de mostrarse sin trampas.

Desayuna conmigo es la historia de personajes que son como nosotros, como nuestros amigos, que nos cuentan cómo nos relacionamos en la cama, en la intimidad, porque en lo íntimo aparece lo político, lo espiritual, lo antropológico, lo sociológico… Lo íntimo es solo la punta del iceberg.

Los personajes de Desayuna conmigo, espejos más o menos cóncavos de nosotros mismos, transitan ese espacio doloroso entre la felicidad que tienen a su alcance y la felicidad deseada. Y ahí es donde entra la promesa envenenada del pop como encarnación cotidiana de esas mentiras que nos contamos a veces para que la vida nos duela menos, pero que en el fondo no dejan de ser sal para nuestras heridas. Pero Desayuna conmigo es también una obra que habla sobre la precariedad económica y emocional, es el manifiesto que intentavalidar el relato de una generación heredera de la crisis, de una generación que vivió el final de una fiesta:

Como nosotros, apunta Iván Morales, los personajes de Desayuna conmigo quieren aprender a amar. Y saben que más de una vez la han cagado. Tienen fe en la capacidad de transformación del ser humano, pero están lo suficientemente desesperados como para saber que eso solo es posible desde la honestidad absoluta. Por eso siento que es mi obra más optimista y humanista, porque he aprendido mucho de estos personajes y del equipo con el que les hemos dado vida y me han hecho un hombre mucho más feliz. Ahora sólo puedo esperar que el público pueda decir lo mismo.

Sus personajes intentan creer en el amor, en la pasión, en la vida, a pesar de que hay muchas cosas a su alrededor que no funcionan, a pesar de la alienación, la soledad, y la dificultad para conectar con los demás y de la necesidad de buscar vínculos más profundos.

     

Su anhelo de dejar atrás la soledad es más fuerte que la propia soledad, porque son suficientemente valientes para afrontar el fracaso. Tenía muy claro, continúa Morales, que ‘Desayuna conmigo’no sería una obra de tesis sobre lo que deberíamos ser, sino un reflejo de lo que somos, tan incómodo y contradictorio como la honestidad pueda llegar a ser. La historia, interpretada por Anna Alarcón, Andrés Herrera, Aina Clotet y Xavi Sáez, parte de la anécdota de un accidente de tráfico para hablar de cómo nos queremos a nosotros mismos y de cómo compartimos ese amor.

      

Sergi y Carlota se aman. Llevan poco más de un año juntos, y quizás las cosas ahora son más difíciles de lo que eran en un principio, pero si una cosa tienen clara es que todavía apuestan por su relación. Él acaba de hacer cuarenta años y, a pesar de haberse dedicado toda la vida a vender droga blanda a media escala, con control e inteligencia como para no haber tenido nunca ningún tipo de problema con la ley, es un tío bastante común.Ahora mismo trabaja de celador en un hospital para sentirse un poco útil en el mundo. Su asignatura pendiente es abandonar la ciudad y volver a la vida rural y sencilla.

Carlota es un poco más joven. Ella también está en proceso de reinventarse, pero es de esas personas que, a primera vista, parece llevar una vida excepcional, incluso envidiable. Desde muy joven, su hambre inmensa la ha llevado a situaciones que escapan de su control más de una vez, pero también le ha hecho disfrutar de ciertos privilegios que solamente una cierta clase de personas acceden. Antes de Sergi, su pareja era un famoso actor francés, rico y bohemio, con quien viajaba por el mundo de manera caótica y excesiva, pero nunca aburrida. Ella ha sido cantante, modelo, actriz, pero en el fondo su alma parece encontrase en casa cuando no se expone a los otros. Nunca antes había sido tan feliz como cuando se encierra a esculpir. Y quizás ella también empieza a sentir la necesidad de ser madre y de abandonar la ciudad.

   

Natalia y Salva se han enrollado cinco veces, no más. Su relación ha sido hasta ahora poco profunda, prácticamente no saben nada el uno del otro. Natalia tiene treinta y pocos años, un hijo con un hombre de quien ha tardado mucho, demasiado, en desenamorarse, pocas perspectivas profesionales a parte del trabajo de camarera en uno de los bares más canallas del barrio chino de Barcelona, y la necesidad de entender de una vez por todas por qué el amor hace sufrir tanto. Ha decidido hacer un documental sobre el desamor, para ver si, compartiendo su dolor con el mundo, éste dejará de pesarle tanto.

Salva es, aparentemente, un triunfador. Tiene cuarenta y bastantes, y todavía tuvo tiempo de encontrar su sitio cuando la situación económica del país parecía más fructífera. Empezó joven en la escena de la música underground barcelonesa post-92, y hace tiempo que se gana bastante bien la vida componiendo temas para grupos mainstream y canciones publicitarias. Aunque menosprecia su trabajo cada vez más, no encuentra ningún motivo para dejarlo ya que gracias a ello ha sobrevivido a la crisis. Cuando conoce a Natalia se vuelve a enamorar apasionadamente como hacía años —quizás décadas— que no le pasaba. Querría entregarse tanto como pudiera a este amor, ya que es la única posibilidad de salvación, de volver a sentir algo. Antes de que pueda confesar sus sentimientos, ella tiene un accidente con su bicicleta que la lleva al hospital, donde volverá a encontrase con Sergi, a quien conoce de cuando eran adolescentes.

      

Y es así como estas dos parejas —Natalia y Salva, Sergi y Carlota— se cruzan y dan vida a esta historia de peripecias aparentemente sencillas y domésticas que sirven para explorar cómo estos personajes aman y se aman. Sergi, Natalia, Carlota y Salva buscan aprender a disfrutar de la vida como cuando todo parecía más fácil, pero sin engañarse, sin dejar de ser adultos. Quizás al final, cuando no tengan ninguna salida de emergencia cerca y se vean obligados a estar juntos y a mirase los unos a los otros, puedan conseguirlo. O quizás no.

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