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El público, de Lorca, dirigida por Àlex Rigola, regresa a La Abadía tras el éxito de la pasada temporada

Se trata de una pieza de enorme belleza poética que habla sobre el amor, la identidad y el arte

Uno de los montajes más llamativos de la pasada temporada regresa a La Abadía tras acumular una inmejorable acogida en todas las paradas de su gira tras su estreno en octubre de 2015. El público, el montaje de Àlex Rigola sobre la supuesta obra irrepresentable de Federico García Lorca, podrá verse de nuevo en la Sala Juan de la Cruz del 25 de noviembre al 18 de diciembre. El espectáculo, como el texto de Lorca, surrealista, onírico y rompedor, nos envuelve en una atmósfera de latentes pulsiones sexuales para intentar llegar al origen de la pureza. Una obra que habla del teatro y del deseo, persiguiendo con empeño en ambos casos la honestidad y la libertad.

El reparto que da forma a la indómita imaginación del poeta granadino está compuesto por Nao Albet, Jesús Barranco, David Boceta, Juan Codina, Rubén de Eguía, Óscar de la Fuente, Laia Duran, Irene Escolar, María Herranz, Alejandro Jato, Jaime Lorente, David Luque, Nacho Vera y Guillermo Weickert.

Escrita en su mayor parte en Cuba, en papel del hotel donde se alojaba, la obra fue leída a un grupo de amigos en 1930 y, en segunda lectura, en 1936, pero permaneció inédita hasta 1976, cuando fue publicada en versión incompleta. Ya el título de la obra evidencia la centralidad de la figura del público, ese gran desconocido, ese colectivo anónimo, que asiste a la representación teatral que sucede fuera de escena, que nosotros, los espectadores reales, nunca llegamos a ver. Lorca quiere que el público se vea reflejado como en un espejo, y en cierto modo denuncia —crítica compartida en el contexto europeo vanguardista de la década de 1920— al público convencional, es decir, a “la burguesía frívola y materializada, que no quiere que se les haga pensar sobre ningún tema moral”. Toda la vida artística de Lorca acusa este dilema interior entre escribir a gusto del público para “hacerse respetar” o “romperlo todo para que los dogmas se purifiquen y las normas tengan nuevo temblor”.

“¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro!”, exclamaba el poeta en esta obra, con la que aspiraba a iniciar un nuevo camino. Y de eso habla El público: del valor para romper con el pasado, con las inercias, la tradición, la represión —tanto en plano artístico como en el afectivo— y emprender aquello que uno realmente desea. Además de hablar de teatro, el texto habla también del deseo a través de un juego de máscaras en el que se superponen ficción y realidad, en el que las identidades se encuentran en continua metamorfosis, persiguiendo sin cesar la Autenticidad, la Honestidad y la Libertad.

El público plantea una doble trama: la ya comentada artístico-social y otra amoroso-íntima, donde se sirve de la homosexualidad para reivindicar el amor como suceso esencial que se manifiesta más allá de los márgenes de lo establecido, y que supera las barreras de identidad, género, voluntad humana o convencionalismos que lo constriñen.

Un espacio infinito donde uno se convierte en un aventurero con el deseo de avanzar entre gigantes freudianos e inmensas olas poéticas, afirma Rigola.

Lo radicalmente nuevo es la forma y compleja estructura que emplea Lorca para hacer esta reflexión sobre el amor, sobre la verdadera identidad y sobre el arte. Las fronteras entre ambos universos teatrales (teatro al aire libre vs teatro bajo tierra) no se mantienen nítidas en ningún momento de la pieza. La acción de la obra solo ocurre en la mente del protagonista, el Director de escena. Se utiliza una lógica poética, una estructura propia de los sueños, un ritmo cinematográfico, un tiempo que es el tiempo interior del Director.

La grandeza de Lorca –continúa Rigola– no termina con el texto, sino que comienza en él, pues la potencia de las imágenes visuales es enorme. No pretendo añadir capas o interpretaciones al material, sino dejarlo desnudo y descubrir cómo puede esta poesía conectar con el público de hoy.

En alternancia con El público, La Abadía presenta, en el mismo espacio escénico, los Sonetos del amor oscuro, sonetos, gacelas y canciones de Federico García Lorca interpretados por Amancio Prada.

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