Comenzamos una etapa de estudios y laboratorio tras una primera fase inicial centrada en el entrenamiento
Con el comienzo de año, Abadía 44 entra en una nueva fase de estudios y laboratorio. Este espacio de entrenamiento y exploración para profesionales de la escena, que encara su primer año de funcionamiento en esta temporada 2025-26, tiene como propósito el nacimiento de una nueva generación de “intérpretes y directores-as Abadía”. Para ello, los y las integrantes del curso están recibiendo el acompañamiento de relevantes docentes teatrales, como Fernando Piernas, Lidia Otón, Pablo Rosal, Ester Bellver, Fernanda Orazi, Mar Navarro, Andrea Soto o Rosario Ruiz Rodgers.
La fase inicial, centrada en el entrenamiento, ha tenido una duración de 4 meses en la que los y las intérpretes de Abadía 44 han trabajado en la tradición de las técnicas de interpretación y enseñanzas de La Abadía: habla escénica, movimiento expresivo, trabajo de elenco, acción interna e interpretación. “El proyecto Abadía 44 ha logrado transformar a un grupo de actores que no se conocían en un elenco sólido y preparado. Este proceso no solo ha mejorado su técnica, sino que ha reforzado la disciplina, la escucha y la responsabilidad individual ante el grupo”, señala Lidia Otón, una de las maestras de esta primera etapa de Abadía 44.
Un laboratorio de exploración
Tras este recorrido personal de cada intérprete, “esencial para que el elenco salga reforzado y con una base suficientemente sólida”, añade Otón, en el segundo bloque de Abadía 44, los y las intérpretes se enfrentan a una fase de estudios y laboratorio con tutorías personales. Los y las integrantes recibirán dos estudios de práctica escénica a partir de un material textual, visual y sonoro para desarrollar con el grupo y cuenta, entre otros maestros, con el dramaturgo y director de escena Pablo Rosal.
“Por un lado, en esta fase busco reforzar el mundo imaginario de los intérpretes. Usar este espacio intermedio e intermediario que es este laboratorio, este tiempo ensanchado (que es un hecho único y privilegiado en el contexto actual) para potenciar la sensibilidad poética y el atrevimiento asociativo: trabajar el mundo interior, el juego, la locura y la ignorancia, para convertir a cada intérprete en un volcán que guarda un secreto”, apunta.
Por otro lado, Rosal defiende la necesidad de “apuntalar el oficio de intérprete, devolver la dignidad y la utilidad del subirse a escena. Tenemos que recordar cada día el ejercicio sacrificial que supone que una persona intente parar la corriente del mundo para poner atención sobre lo que nos hace humanos”. Junto a él, la también dramaturga y directora Fernanda Orazi propondrá materiales desde los que explorar diferentes miradas, estilos y concepciones del arte escénico. De esta manera, este equipo se entrenará y aplicará los diferentes conocimientos adquiridos durante la primera fase. Con esta segunda fase se dará por concluido el curso de Abadía 44, que tiene prevista su finalización el 12 de mayo.













