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Don Juan: “Tengo brío y corazón en
las carnes.” |
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Don Juan, centenario personaje español, visto
por los ojos de un joven europeo, Dan Jemmett. Como en
un sueño se suceden las escenas, en las que el
incansable mujeriego se desvela como un “hombre
sin nombre”, una identidad escurridiza, que una
y otra vez se enfrenta a la necesidad de re-presentarse.
Despierta nuestro deseo e invade nuestra seguridad, vestido
siempre como alguien que nos suena de antes.
Jemmett,
de quien pudimos ver en La Abadía
dos espectáculos de sorprendente frescura, Shake y Dog
Face, se siente atraído por la capacidad
mimética del Burlador. “Todo ser sano
tiende a multiplicarse”, escribió Camus, “y
lo mismo Don Juan”, que se dedica a interpretar
y a jugar, las dos caras del eterno placer actoral.
Seducir y dejarse seducir.
Con un reparto compacto y
libres de prejuicios, nos acercamos a este hijo del
Barroco, icono de la ligereza
que ha conocido tantos seguidores, no sólo en
la ficción sino también en la vida misma,
este “vendaval” que no se detiene hasta
que da contra la piedra.
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