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'He nacido para verte sonreír', texto de Santiago Loza dirigido con gran sensibilidad y belleza por Pablo Messiez, regresa a La Abadía

Podrá verse en la Sala José Luis Alonso del 11 al 28 de enero

El próximo 11 de enero regresa a La Abadía He nacido para verte sonreír, producción del Teatro de La Abadía y el uruguayo Ignacio Fumero Ayo que se estrenaba con notable éxito y excelentes críticas el pasado mes de marzo. El montaje, primer texto del dramaturgo y cineasta argentino Santiago Loza representado en España, está dirigido con gran sensibilidad y belleza por Pablo Messiez, y protagonizado por Isabel Ordaz y Fernando Delgado-Hierro, que se incorpora al reparto sustituyendo a Nacho Sánchez.
 
He nacido para verte sonreír supuso la presentación en España de la obra de Santiago Loza, figura clave de la dramaturgia actual en Latinoamérica y uno de los autores contemporáneos más representados en Buenos Aires. Un maestro en retratar personajes femeninos, con misterio, y delicadeza. Un testigo minucioso que recrea universos íntimos sirviéndose de la cultura popular. Una mirada singular que revela la extrañeza, la maravilla y el horror que habita en lo cotidiano. Loza tiene una capacidad esencial de trasladar realidades muy complejas de una manera muy sencilla, con un impacto emocional muy fuerte. Elige las palabras con cuidado, sin dotarlas de interpretación para que el juicio no capture la idea, para no dejarse llevar por la censura a la hora de retratar a sus personajes.
 
Sinopsis

En escena, una madre se despide de su hijo mientras aguardan al padre que vendrá a buscarlos enseguida para partir a un largo viaje. De alguna manera el hijo ya se fue hace tiempo: se encerró en sí mismo, en una cápsula de hermetismo. El padre ha de llevarlo a un hospital y dejarlo internado para que se cure de su trastorno mental.  
 
En este tiempo de espera, la madre busca, nerviosa, las palabras para despedirse, sin recibir respuesta alguna de parte del joven. Los recuerdos le golpean, insistentes, evocando así ante él y ante el público la historia de una mujer desesperada, una mujer

 que lucha por conseguir la sonrisa de un hijo que permanece ausente, ido, o que tal vez habite un mundo inaccesible para los demás.  En palabras del propio autor “la obra, a través de la mujer que desespera, intentar dar luz a los afectos, a los que más duelen, que también suelen ser  los que más importan. Una inmensa piedad oculta que expone lo amoroso, y desearía que quienes se acerquen, puedan conmoverse con esta historia tan cercana y frágil”.  Para Messiez la pieza “es una perlita a la vez delicada y feroz. Un ‘melodrama de madre’ contemporáneo. Un gran bolero. Una celebración del misterio que todos somos. De la necesidad de aceptar ese misterio, sin pretender domesticarlo, para poder estar juntos”.
 
“Soy otra cosa que no sé”

Este pensamiento supone una especie de revelación para la protagonista. Refleja directamente el misterio esencial que somos cada uno de nosotros, el misterio que también son los demás, y la posibilidad / imposibilidad de entendernos, conocernos, de saber quién es el otro y qué necesita.
 
En el montaje no se alude al estado del hijo de manera clínica o documental, sino en clave poética. El chico simplemente tiene una percepción distinta de la realidad, a la par que es percibido como distinto por los demás. Su visión y su escucha le hacen tener una mirada quizá más incisiva sobre la realidad, sobre cosas que a nosotros se nos escapan por cotidianas. Pese a que haya una sola persona que habla en He nacido para verte sonreír, no se debe considerar como un monólogo.
 
Otro de los aciertos del texto de Loza es hacer de Miriam un personaje absolutamente contradictorio. Su lógica es imprevisible. Hasta su modo de hablar es fiel reflejo de su paradoja: pasa de lo cotidiano, del ritual del hogar, a lo misterioso y arcaico, convirtiéndose en un personaje de tragedia que de repente decide alejar a lo que más quiere de su lado. De lo más conservador se mueve a lo ideológicamente cuestionable, porque lo inesperado es otra de las claves de la pieza. El texto cuestiona la locura y sus límites, profundizando en la complejidad de las relaciones humanas.
 
El espacio escénico también habla sobre la contradicción de los personajes. Superposición de dos mundos: el ama de casa, la cocina y el orden doméstico, en contraposición a las ramas, lo boscoso, las sombras que expresan lo inaprensible, el misterio, lo que no se sabe… Dos mundos y dos discursos que dialogan.
    


 

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